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Vender es una estrategia de sensaciones

Vender es una estrategia de sensaciones

   

Los negocios de la belleza tienen a su favor el hecho de transmitir experiencias que están directamente relacionadas con la esencia personal de los individuos, por lo tanto, es imperdonable sus estrategias de venta estén enfocadas solamente en los números.


Si analizamos algunas marcas mundialmente reconocidas que se encuentran ya instaladas en la mente de los consumidores, como Coca – Cola o Colgate, podríamos decir que su éxito se debe a campañas publicitarias multimillonarias y a los años de historia que cada una tiene en el mercado.

 

Es verdad. En parte, las grandes marcas deben su triunfo a las estrategias para captar la atención de nuevas generaciones de consumidores, en las que invierten enormes cantidades de dinero. Sin embargo, cuando estos productos ingresaron por primera vez a la vida de los clientes, también se enfrentaron a las mismas condiciones de mercado que deben afrontar las nuevas marcas. Es decir, también se vieron obligadas a superar a la competencia y también tuvieron que ganar y mantener la atención de sus primeros simpatizantes.

 

La ventaja de Coca – Cola y Colgate, en este caso, es que por ser productos de consumo, tienen una increíble cercanía con las personas, ambas marcas implican una experiencia directa que garantiza una relación entre producto y usuario, sea para bien o para mal.

 

Si hablamos con algún consumidor habitual de estos productos, lo más probable es que se refieran a cada una de ellas con la descripción de experiencias tales como la burbujeante sensación de frescura de una Coca - Cola cuando está sediento y el inigualable efecto de limpieza que la crema dental Colgate deja en la boca. Lo que recuerda entrañablemente un comprador son las vivencias, aquello con lo que se ha encontrado de forma cercana y esto sucede porque antes de ser compradores, los consumidores son personas, que sienten, piensan, sueñan y recuerdan.

 

La mayoría de empresarios enfocan actualmente sus esfuerzos en capturar algunos clientes que estén dispuestos a gastar su dinero y para ello ingenian sus estrategias, pero el reto debería ser construir una relación de proximidad con los clientes. Los negocios de la belleza tienen a su favor el hecho de transmitir experiencias que están directamente relacionadas con la esencia personal de los individuos, por lo tanto, es imperdonable que nuestras estrategias estén solamente enfocadas en los números.

Nuestro cometido son los seres humanos y ayudarlos a verse y sentirse mejor es promesa. No debemos olvidar que esta labor se proyecta de forma real en la apariencia, pero tiene un trasfondo emocional importante.

 

Nuestra materia prima de trabajo son los sentidos y lo que debemos hacer para ganarnos el primer lugar en la mente de los clientes es lograr que el servicio que ofrecemos cautive cada uno de ellos. Cuando de ventas se trata debo decir que el reconocido pensador chino Confucio tenía razón al plantear este supuesto: “dime y olvidaré, muéstrame y recordaré, déjame participar y entenderé”.


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